24 de marzo de 2017

Sentinel del Norte. La isla prohibida e inexplorada.

En el Océano Índico, justo en el archipiélago de las islas Andamán, al este del Golfo de Bengala y a pocas millas del Gran Andamán se encuentra posiblemente uno de los últimos paraísos vírgenes del planeta. La isla de Sentinel del Norte es una pequeña isla de unos 72 kilómetros cuadrados, pertenece de forma oficial a la India, sin puertos naturales y rodeada de arrecife de coral que impide que ninguna embarcación llegue a sus costas sin peligro de embarrancar en ellas. Muy cerca de Sentinel del Norte había un islote boscoso llamado Constance Island, que tras el terremoto y posterior tsunami de 2004 se acabó uniendo a Sentinel. La isla está prácticamente recubierta de una espesa jungla y su punto más alto es de tan solo 98 metros de altura situado en el centro-oeste de la misma. Todo ello son mediciones y estimaciones realizadas a través del aire tras sobrevolarla o fotografiarla vía satélite, ya que nunca nadie en la historia ha conseguido atracar en sus costas y explorar la isla sin morir en el intento.


Se conoce bien poco de la tribu indígena que vive en ella. Se estima que puedan ser entre 50 o 400 miembros, que viven de la recolección, caza y pesca, que su idioma es totalmente distinto al de tribus vecinas y que hace cerca de 55.000 o 60.000 años que este pedazo de tierra está habitada por esa tribu que siempre se han mantenido aislada del mundo exterior por voluntad propia. Marco Polo dejó constancia por escrito tras un encuentro con esas gentes de la violencia con la que les recibieron e incluso que a quienes mataban se los comían. Es ya desde entonces que la gente de Sentinel del Norte tiene fama no solo de agresivas si no que también de terribles caníbales. En 1880 una expedición militar británica encargada de "pacificar" a las tribus de las islas en vista de las dificultades que se encontraron para invadir la isla, decidió secuestrar a un nativo para enseñarle el idioma y las virtudes del imperio y, de esa manera, ganarse su favor y conseguir información al respecto de los puntos débiles de los suyos. Raptaron a cuatro indígenas pero la jugada no les salió como esperaban porque dos enfermaron rápidamente muriendo y al poco tiempo liberaron a los otros dos, seguramente con la intención de que lograran enfermar a la totalidad de la isla. Nunca más volvieron a saber de ellos ni consiguieron hacerse con Sentinel Norte. Alguien que conoce bien como se las gastan en la isla de Sentinel Norte son los nativos de islas vecina como los Jarawas, con los que tuvieron ciertos roces violentos en la historia y que hoy se les intenta proteger para que preserven su identidad y costumbres, pese a que en la práctica no se cumple por culpa de la masiva colonización de las islas de Andamán por parte de los Indios, algo que aún hoy no sucedió en Sentinel.


21 de marzo de 2017

Vivieron felices y comieron perdices... ¿o realmente no?.

Todos conocemos los cuentos más carismáticos gracias a Disney. La conocida compañía del ratón Mickey Mouse nos acerca cuentos centenarios de ilustres escritores que nos llenaron de ilusión y felicidad en nuestras infancias, pero adaptándolos en gran parte a los nuevos tiempos. Y es que los cuentos de fantasía hace uno, dos, tres, cuatro o cinco siglos eran en ocasiones más crueles e incluso más sangrientos de lo que nos podemos imaginar, posiblemente porque eran historias destinadas a todo tipo de público y porque en esas épocas la vida era muy diferente a la de hoy. Si te pica la curiosidad y quieres conocer las auténticas historias tras algunos de esos exitosos y conocidos cuentos, prepárate para sorprenderte e incluso horrorizarte con algunos... yo lo hice:



15 de marzo de 2017

Relatos Pandereta: Sueños de un alma condenada.

Los sueños en la vida son fáciles de tener, cumplirlos ya es otra cosa. El tiempo es esencial para ello, pero va intrínsecamente asociado a la vida. Sin tiempo no hay vida y sin vida no hay tiempo. ¿Que serías capaz de hacer para conseguir más tiempo y cumplir los sueños de tú vida?

Mi nombre es Fran y con treinta años era muy feliz, estaba enamorado de mi alma gemela con la que compartía infinidad de cosas y tenía un buen trabajo que me permitía tener tiempo para cumplir un montón de sueños, antes de ampliar nuestra pequeña familia. Se podría decir que mi vida era perfecta, pero lo bueno no dura para siempre y en mi caso el cáncer se cruzó en mi vida de forma inesperada. Poco a poco la enfermedad fue apagándome mientras los médicos luchaban para encontrar la cura. Pasé de ser una persona alegre e inquieta a verme sumido en una constante penumbra que hacía mis días más largos. Mi mujer, Esther, que tanto empeño ponía en salir adelante y animarme cada vez se sentía más derrotada, hasta que la enfermedad decidió darnos la peor de las peores noticias, solo me quedaban unos pocos meses de vida. No podía seguir viendo sufrir a quién más me amaba por lo que antes de quedarme postrado en una cama decidí emprender la búsqueda de alguien que lograra un milagro.