Sonríe al diablo

CAPÍTULO 1:

Mi móvil suena, es el comisario Torres, han encontrado lo que creen que puedan ser los restos mortales de Ana Marín, una joven desaparecida hace una semana y de la que llevo el caso. Sin pensármelo agarro las llaves del coche y salgo de casa. Se ha encontrado un cuerpo en una localidad a las afueras de la capital, muy lejos de donde se le perdió la pista por última vez. Al llegar al lugar del crimen encuentro diversos medios que se han desplazado para cubrir en directo el suceso. Son las 11 de la mañana y el sol cae como fuego en aquel barrio a medio construir. La crisis dinamitó uno de esos proyectos urbanísticos de locos dejando construidos algunos pocos edificios de viviendas alrededor de otros a medio construir, solo con los cimientos o directamente solares olvidados y descuidados. Tras pasar varios cordones de seguridad llego hasta donde se encuentra nuestro forense examinando el cuerpo, uno de esos solares lleno de malas hierbas y basura por todos lados:
- ¿Que tal lo llevas Fran?
- ¡Ah! Hola Esteban, bueno pues ya ves... a falta de un análisis de adn creo que hemos encontrado a la chica que buscabas.
Su cuerpo se encontraba desnudo, parecía que había sufrido numerosas lesiones:
- ¿Que me puedes contar del cuerpo?
- Por ahora que lleva muerta posiblemente varios días, que tiene signos evidentes de múltiples agresiones, las marcas de sus muñecas y tobillos indican que estuvo atada, también hay señales de estrangulamiento y me atrevería a decir que fue violada... pero cuando nos la llevemos te podré dar más información.
Después de hablar con Fran uno de los compañeros me informa que la ropa de la chica no ha sido encontrada, como tampoco ninguno de los efectos personales que llevaba cuando desapareció. Lo que si se pudo localizar fue un rastro en la tierra de ese solar que indicaba que probablemente fuera arrastrada hasta allí. Ya no podía hacer más en ese lugar por lo que decido marcharme para informar a la familia. Antes de entrar en mi coche me detengo ante un dibujo en la pared de una pequeña caseta, era una cara sonriente pintada con spray acompañada de una pregunta: "¿Ya has sonreído hoy?" Tras leer aquello no puedo evitar pensar que por ahora ese día no es un buen día para sonreír.

Me encuentro frente a la casa de los padres de Ana, estoy intentando reunir las fuerzas suficientes para comunicarles que hemos encontrado a quién podría ser su hija. Ha sido duro, es difícil imaginar como se rompe el corazón de unos padres ante una situación como esta. Antes de marcharme la madre de Ana me hace prometer algo que ni yo se si podré cumplir:- Prométame que hará justicia para con mi niña.
Solo pude asentir con la cabeza mientras salía de esa casa que seguro guardaba maravillosos recuerdos de una familia unida.

Mi despertador suena, miro mi móvil y leo un mensaje de Fran. Por lo visto ya tiene algunos resultados de la autopsias, se ha pasado la noche trabajando con el cuerpo, eso significa que ni en domingo podré quedarme en casa durmiendo. Entro en el despacho de Fran, allí está él siempre atareado delante de la pantalla de su portátil, atendiendo a la vez los whatsapp de sus colegas frikis y con un curioso, como él le llama, caos ordenado que impera en su mesa:
- ¿Que pasa Fran? ¿No duermes ni un puto domingo? Deberías echarte novia, estas en la edad.
- Ufff, mi vida es muy complicada y aunque no lo parezca no tengo tiempo para amores.
- ¿Amores? Para meterla en caliente y olvidarte del curro no necesitas casarte chaval.
- Vaaaaaaleeeeee... ¡pareceres mi madre joder!
- Bueno, al lío. ¿Que tienes para mi del cuerpo de ayer?
- Confirmamos que su identidad es la de Ana Marín, 17 años...
- ¡Al grano Fran! ¿Que encontraste en el cuerpo?
- Muchas laceraciones, heridas de todo tipo en diversos sitios. Hicieron con ella muchas cosas. Los resultados indican que lleva muerta unos cinco días, y posiblemente llevara en aquel descampado unos tres. Los animales carroñeros del lugar tomaron buena cuenta del cuerpo, aunque afortunadamente no demasiado. He podido confirmar que sufrió violaciones múltiples aunque no encontré restos de fluidos. Y... Bueno... se ensañaron de todas las formas posibles con ella...
- Joder... ¿Nada más que nos permita identificar a alguien?
- En toda esta barbaridad hemos tenido suerte, entre las uñas detectamos algunos restos. Los he mandado identificar, en cuanto pueda te paso los resultados.
- De acuerdo, no pierdas el tiempo con tus historias de frikis y consígueme esa identificación. 

He pedido una recopilación de casos similares de los últimos años para repasarlos. En los últimos cinco años han habido varias desapariciones de adolescentes, tanto chicas como chicos. Revisando las fotos de los lugares donde fueron encontrados los cuerpos algo me llama la atención, en unos cinco casos algo se repite, esa cara sonriente con la misma pregunta: ¿Ya has sonreído hoy?. Creo que estoy ante algo peor de lo que imaginaba encontrar.

CAPÍTULO 2:

La identificación de los restos allados entre las uñas de Ana nos llevó a un hombre de unos treinta y pico años, vecino de un barrio marginal de la capital llamado Ricardo Almunia alias "El Richy", drogadicto y fichado por algún robo por el que había comprobado como se vive en prisión. Un pobre hombre fruto de muy malas decisiones y un entorno muy poco recomendable. La investigación lo situaba como la posible persona que la pudo haber secuestrado y llevado ya muerta a aquel solar abandonado. Solo teníamos eso, que no era poco, pero ahora había que probar que fuera él quien la mantuviera encerrada y abusara de ella, a parte de quienes eran sus cómplices necesarios en ese acto atroz.

Por una televisión de la sala de personal en comisaria puedo ver a los padres de Ana entrevistados por una y otra cadena, repitiendo siempre lo mismo: justicia para su hija. Solo espero poder darles lo que ansían. Recojo una carpeta y entro en la sala donde espera "El Richy", tiene la cara descompuesta, posiblemente este totalmente acojonado o tal vez sea solo el mono que lleva encima, ya que debe hacer ya varias horas que no se mete nada:
- Hola, soy el inspector Esteban Salgado. ¿Supongo que ya sabes el motivo por el que estás aquí?
- Man hablado duna niña... pero yo no se na... ya le he dicho a sus colegas que yo no he hecho na ni me entero de na.
- ¿No escuchas ni ves las noticias? ¿No lees la prensa?... bueno, que digo, si lo mismo no sabes hacer la O con un canuto. Eres un pobre tonto del culo drogadicto que solo pasaba por allí, ¿no?.
- ¡Si! ¡Si! Jefe, así es.
En ese momento decido abrir la carpeta y sacar las fotos del caso, fotos del lugar donde se encontró el cuerpo, de Ana muerta y de Ana viva y feliz. Ese idiota se pone más nervioso y sigue asegurando no conocerla. Le enseño los resultados de adn extraídos de las uñas de Ana y entonces comienza a derrumbarse:
- ¿Sigues asegurando que no conocías a esa chica?
Entre sollozos empieza a cantar. Declara que fue él quién la secuestro una noche cuando volvía de una fiesta, pero ese estúpido añade algo con lo que no contábamos, asegura que la secuestro porque un misterioso hombre le prometió pagarle unos 3.000 euros y unos gramos de coca pura a cambio:
- ¿Podrías identificar a ese hombre?
- No... nunca me dijo su nombre... solo que iba de negro. Me lo encontré un día mientras me metía un tirito detrás de un coche.
- ¿Cuando te pagó?
- A la entrega de la chica... pero juro que no la toqué... solo una bofetá pa tranquilizarla pero no le hice na más, taba muy nerviosa.
- ¿Donde fue la entrega?
- Creo que cerca de donde la encontrasteis... en una caseta con un dibujo de una cara sonriente.
En ese instante un escalofrío me recorrió la espalda:
-¿Allí la dejaste después de secuestrarla? (Señalado el lugar en una foto).
- Si...
- ¿Entonces, según tú, solo la dejaste en esa caseta y te marchaste?.
- Si, la dejé, recogí un sobre que había dentro y me marché. Yo no hice más na jefe... se lo juro.
Decidí mostrarle los otros casos y los lugares donde aparecían esas caras sonrientes, pero aseguraba no saber nada de esos otros crímenes ni tener relación alguna, aunque algo asustaba a ese pobre infeliz cuando le preguntaba por ese misterioso hombre de negro, notaba que le tenía mucho miedo. 

Mis sospechas se estaban cumpliendo, las que relacionaban el crimen de Ana con al menos otros cinco que encontré y eso me daba muy mala espina.

CAPÍTULO 3:

Hace años, en mi niñez:
- Papá, tengo miedo.
- Hijo, ¿de que tienes miedo? ¿de los fantasmas y de los monstruos?.
- S...s...si... de ellos.
- No has de temer mi niño, no existen esos seres. Solo has de temer a otros que no viven ni dentro del armario ni debajo de la cama, aquellos monstruos reales que se esconden tras algunas personas malas. A esos has de temer y andar con cuidado, son difíciles de encontrar y reconocer pero esos si son de verdad.
- ¿Tú los has visto?
- Algunos si y lo mejor de todo es que a muchos los podemos parar y hacer pagar con la justicia sus malas acciones. Porque ellos también son de carne y hueso.
- Mientras tú estés a mi lado no tendré miedo papá.

A medida que estudio los demás casos un extraño sentimiento de temor recorre mi cuerpo. Algunos de ellos se resolvieron encerrando algún desgraciado y otros directamente quedarían sin resolver. En el caso del crimen de Ana Marín todo apunta a que el principal sospechoso será condenado a muchos años de cárcel, cortesía del fiscal del estado Andrés García, un tipo capaz de todo para ganar un caso y con una moralidad puesta en duda en ocasiones. El fiscal parecía no querer hacer caso de las pruebas que presentamos para que ese caso y otros quedaran vinculados, tampoco ayudaba el extraño silencio de "El Richy" que se recluía en su celda sin apenas relacionarse con nadie, así como la sorprendente declaración que hizo ante el juez y que contradecía todo lo que declaró frente a mí, ni la presión mediática que clamaba justicia y venganza a partes iguales. Se que el caso no va por donde debería ir, por lo que he de esforzarme para encontrar a esos monstruos que asesinaron a Ana.

El día del último juicio sobre el caso ha llegado y no hemos podido avanzar en la investigación. No hay más sospechosos, ni hemos podido contrastar la primera versión de "El Richy", ni tan siquiera conseguimos pistas de ese hombre de negro en la caseta donde fue entregada Ana la noche de su secuestro, tampoco conseguí reabrir los otros casos. Todo parecía estar en mi contra.

Al llegar a comisaria recibo una noticia inesperada, esa misma noche hubo un motín  en el centro penitenciario donde "El Richy" estaba recluido, terminando con el asesinato de nuestro único y vital sospechoso. Hoy iba a acudir al juicio sin abogado ya que los tres que se le asignaron de oficio, uno tras otro, desestimaron defenderle. Algo insólito y muy extraño. Salgo de comisaria, necesito tomar el aire y aclarar las ideas, cuando alguien me para en mitad de la calle:
- ¿Inspector Salgado?
- ¿Quién pregunta?
- Isaac Cuesta, periodista independiente, colaborador de la revista Misterios y bloguero referente en casos sin resolver.
- ¿Que busca señor Cuesta?
- Colaborar con usted. He estado al corriente de su investigación y conozco las trabas con las que se ha encontrado.
- ¿Dice conocer que?... no tiene ni idea. ¡Lárguese!.
- Confío en usted señor Salgado, su forma de investigar me transmite que realmente quiere llegar al fondo de todo, destapar la realidad que otros solo pretenden esconder o mantener enterrada. Tengo un vídeo... una prueba que seguro le dará una nueva dimensión a su caso. Hace veinte años que estaba guardado en un cajón, alguien en algún lugar debió sentir remordimientos al conocer el caso de Ana Marín y me lo hizo llegar a través de una de mis fuentes. Yo lo he visto y le advierto que puede herir su sensibilidad. Venga esta noche a mi piso y se lo muestro. Existe gente poderosa tras esa prueba, tan poderosa que es capaz de ser invisible a los ojos de la sociedad, con gustos poco normales que tienen que ver con lo que le sucedió a esa chica y a otras.
No me fío de ese hombre, puede ser un interesado más, un buitre capaz de cualquier cosa a cambio de una nueva noticia con la que soltar mierda para vender. Pero por ahora ya no puedo dar la espalda a esta oportunidad de averiguar que tiene que enseñarme, puede que sea la última pista que me quede.

Estoy de camino al piso de ese periodista loco, un denso tráfico me mantiene casi parado sin apenas avanzar. Decido bajar del coche y averiguar que está pasando. Pregunto a un agente municipal y me dice que hubo una gran explosión de gas en un piso de la avenida principal, las llamas del incendio ponen en peligro a la gente de la calle. Le indico que he de acudir urgentemente al número 389 de esa avenida y me contesta que es precisamente allí donde a sucedido todo. Corro entre los coches parados hasta llegar al lugar, cuento los pisos y es ese, el piso de Isaac Cuesta. Desconcertado vuelvo al coche y pongo la radio. En unos minutos se confirma la muerte de al menos una persona en el piso. En ese instante se que tiene que ser ese periodista con el que iba a reunirme. Me siento como si todo se volviera en mi contra, como si a cada paso que diera el destino frustrara mi investigación, como si el mundo no quisiera que Ana tuviera la justicia que se merece.

Al abrir la puerta de mi casa dejo las llaves encima del mueble del recibidor, cabizbajo me giro y cierro la puerta cuando una voz retumba entre la penumbra. Enciendo la luz a la vez de desenfundo mi arma reglamentaria:
- ¡¿Quién coño es y como a entrado en mi casa?!
- Inspector Salgado, no es necesario que me apunte con el arma, solo he venido a hablar.
- ¡¿Ha hablar de que?! ¡No está contestando a mis preguntas!.
- Del caso de esa chica. He venido en representación de unas personas muy importantes e influyentes para que lo deje en paz, no remueva más el pasado, ya tiene a su sospechoso que pagó con su vida, ahora le toca entender la situación.
- ¡¿Me esta pidiendo que abandone el caso?! ¡¿Quién cojones es usted?! ¡¿Es ese hombre de negro?!
- Lo importante no es quién sea yo inspector, lo importante es ¿cuanto quiere a sus seres queridos?. Si continúa  indagando ese periodista entrometido y ese yonki asqueroso no serán los únicos en morir. Empezaremos por todos sus seres queridos y amigos, uno a uno, hasta llegar a usted. Si continúa  por este camino acabaremos antes con todo su mundo para que pueda ser testigo de ello antes de morir.
Esa amenaza me deja paralizado, el pulso me reventará el pecho, no tengo fuerzas ni para levantar el arma, ni apenas para articular palabra. Ese hombre se dirige hacia la puerta, antes de salir posa su mano sobre mi hombro y me dice:
- Hágalo al menos por ellos, el mundo es un equilibrio entre el bien y el mal, no quiera desequilibrar la balanza o ellos terminarán con usted. Recuerde, no nos busque, no existimos, si lo hace le encontraremos.
- ¡Espera! ¿Porque una cara sonriente en esos lugares?
Ese extraño hombre sonríe y contesta:
- Sonría al diablo inspector, solo así podrá seguir adelante.
Cerró la puerta y en ese instante caí al suelo fruto de la tensión.

El juicio finalmente se celebró y allí estuve yo para oír el veredicto del jurado popular. Se declaró culpable de todos los cargos a el difunto "El Richy"... ellos ya tenían su cabeza de turco con el que desviar toda la atención. Nunca me atreví ha visitar a los padres de Ana, aunque me consta que están convencidos de que se hizo justicia. Tal vez sea lo mejor. Tampoco me atreví ha visitar la tumba de Ana. Pasaron los años y otros casos llegaron, pero jamás hablé de lo que me pasó en ese. Un buen día acudí a la llamada de un programa de radio, por lo visto cada jueves una sección repasaba crímenes de todo tipo y me llamaron para tratar el que fue hace ya años el mediático caso de la época. Contesté a todas las preguntas hasta que una me dejó paralizado duramente unos segundos con la mirada perdida: "¿que pasó para que no continuara con la investigación?"
Me recuperé y levanté la mirada, en la mesa todos estaban visiblemente incómodos con mi silencio. De repente el peso que portaba sobre mis hombros durante tanto tiempo cayó directamente sobre mi corazón y entonces contesté:
- Ellos me obligaron.

FIN.



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